El 4 de septiembre de 2006 el diario “The Jakarta Post” publicó un artículo de opinión firmado por un tal Mohamad Mova Al ‘Afghani, que lo firmaba como “lawyer, lecturer and DAAD scholar in Goettingen, Germany” que pronto alcanzó elevadas dosis de popularidad. El artículo se llamaba “La cuarta generación de derechos humanos” y las ideas que en él se contienen me han rondado la cabeza durante bastantes años. Hoy me he vuelto a encontrar con ese post (al que yo llamo impropiamente “The Jakarta Post”) y no me resisto a tratar de traducirles una parte del mismo. Dice así:

“El ser humano ha tenido bastante éxito a la hora de conceptualizar los derechos humanos, pudiendo clasificar los mismos en tres generaciones diferentes.

La primera generación trata primcipalmente de derechos “negativos” (v.gr. el derecho a no ser sometido a represión) tales como la libertad religiosa, libertad de expresión y el derecho a un juicio justo.

La segunda generación de derechos humanos tiene que ver con derechos positivos (v.gr. el derecho a recibir algo de otros) como por ejemplo el derecho al empleo, a la vivienda o a la salud.

Estos derechos, nacidos tras la segunda guerra mundial se incardinan en el Convenio Internacional sobre Derechos Civiles, Económicos, Sociales y Culturales (ICESCR en inglés).

La tercera generación de derechos tiene mayoritariamente carácter medioambiental (v.gr. el desarrollo sostenible) y los podemos encontrar en forma de declaraciones vagamente obligatorias como las de Río o Estocolmo.

La civilización actual se encuentra en los albores de la era del conocimiento, una era en que se supone que las poblaciones ya no trabajan tanto en la agricultura o la industria sino en la producción de conocimiento. Contrariamente a la agricultura o la industria, conectadas al medio ambiente, este nuevo tipo de producción sólo se halla vagamente conectada con las condiciones medioambientales pues solo maneja y produce una cosa: información.

Los seres vivos no son más que códigos genéticos y los materiales no son más que una serie de estructuras atómicas. En la era del conocimiento la realidad no es distinta de la información misma.

Uno de los principales problemas en esta era del conocimiento es la forma en la que se está gestionando la información por el ordenamiento jurídico. El término que usa el ordenamiento es el de “Propiedad Intelectual” lo que en sí mismo es una falacia pues anuda la información a la propiedad cuando las características de la información son sensiblemente diferentes del resto de propiedades o “bienes”.

La primera diferencia tiene que ver con la escasez. Los bienes son valiosos porque son escasos y una vez consumidos carecen de valor. La información sin embargo es abundante. Los científicos usan la información de sus predecesores para crear nuevas teorías y los autores se apoyan en obras de escritores anteriores para escribir nuevos libros.

Por eso, si la información alcanza la esfera pública (es “consumida”) se multiplica y no decrece.

La tercera diferencia tiene que ver con la divisibilidad. Los bienes pueden ser divididos entre la gente pero la información no.

La cuarta diferencia es la multiplicabilidad. “La información quiere ser libre”. La teoría memética señala que las ideas infectan los cerebros como los virus propagándose por sí mismas en el organismo. Esta es la razón por la que la Inquisición y las quemas de libros fracasaron tratando de detener la propagación de las ideas. La propiedad de los bienes tradicionales, en cambio, no se multiplica por sí sola.

(…)

La cuestión va más allá, ¿tiene una persona derecho a tomar, modificar y reproducir información disponible en el ámbito público? Si conozco un método patentado para curar el SIDA ¿tengo derecho a divulgar esa información en la red? La respuesta debería ser “SÍ”. El intercambio de información es una forma de derecho humano, una forma de “derecho negativo”.

Paralelamente con los argumentos expuestos, algunos expertos prevén la emergencia de una “economía de la abundancia”, en la cual la competición por los recursos devendrá obsoleta, algo que contradice la percepción malthusiana tradicional.

Desafortunadamente el derecho a la información no ha sido objeto de ayención en los países en desarrollo dado que aún están ocupados con la primera generación de derechos humanos.

Se teme que para cuando la libertad de expresión, los problemas de género, la libertad religiosa y otros derechos estén garantizados en los países en desarrollo, aparecerá una brecha en materia de información debido a la falta de tecnología de la información y al sistema legal coercitivo actual.

In developed countries, some people have concluded that the overprotection granted by laws jeopardizes the free market. Expensive fees for IP registration and the likelihood of disputes, accompanied by its lousy enforcement, illustrate the infectivity and inefficiency of the current system.
En los países desarrollados, algunas personas sostienen que la sobreprotección que ahora otorgan las leyes compromete el mercado libre. Las elevadas tasas para registrar la propiedad intelectual y el aumento de litigios acompañada por su lamentable forma de hacer eficaces las leyes, ilustran la ineficacia del sistema actual.

Ampliar la protección de la propiedad intelectual ha sido calificado también como una pura búsqueda de rentas dado que el valor real del conocimiento protegido desaparece o se reduce. Si estos movimientos y nuevas formas de pensar logran algún tipo de reconocimiento o sanción en algún tipo de instrumento internacional formarán la cuarta generación de derechos humanos.”

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