Cultivo una rosa blanca…

Cultivo una rosa blanca…

Recuerdo perfectamente mis primeros ejercicios y textos de lectura y recuerdo vívidamente bastantes de los que se incluían en mi primer libro específico de lectura. El primer texto en prosa que contenía era un fragmento de la novela “La Barraca” de Vicente Blasco Ibáñez, ese que comenzaba: “Una barraca vieja sin más luz que la de la puerta y la que se colaba por las grietas de la techumbre…” (cito de memoria y según yo lo recuerdo).

Pero, en verso, lo primero que leí fue este (archifamoso) poema XXXIX de los “Versos Sencillos” del cubano José Martí, ese que dice:

“Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca
y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo
cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.”

¿O quizá no dice eso y me traiciona mi memoria infantil?

La primera edición de los “Versos sencillos” no contiene este poema, al menos escrito de esa forma: en el poema original la rosa se cultiva en julio (y no en junio) y la “ortiga” del séptimo verso no es tal “ortiga” sino una “oruga”, que es una planta distinta (sí, la “oruga” es también una planta).

Y, sin embargo, en la memoria de la mayoría de gente que conozco el poema es recordado tal y como yo lo recuerdo.

Así pues ¿ortiga u oruga?

Ocurre que los poemas, como las ideas, como los seres vivos, se rigen por las inexorables leyes de la evolución y mutan hasta alcanzar su forma de mayor éxito reproductivo; quizá este poema de Martí sea un buen ejemplo de esto. Tanto “ortiga” como “junio” pueden producir en el oyente-lector un efecto de aliteración que los hace preferibles al original; quizá la ortiga es una planta que ilustra mejor que la oruga la imagen que pretende el poeta o que el lector intuye que pretende. Quizá el poema, cantado reiteradamente como estrofa en la popular “Guantanamera”, era más cantable así…

No lo sé, lo cierto es que el poema en esta forma mutada se ha ganado el derecho al recuerdo, que es la patria donde viven las ideas, y ahora Martí y quienes recuerdan este verso comparten su autoría. No lo sé, lo que sí sé es que yo lo recuerdo así desde que tenía ocho años, aunque la edad a la que lo leí, esa, no la recuerdo tan bien.

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Educación y Creative Commons

Educación y Creative Commons

No hay en una nación mayor riqueza que la de las personas que la integran; este capital humano es el mayor activo de que disponen los países para salir adelante y, a menudo, es el último activo que queda cuando todos los demás han sido agotados o dilapidados.

Este capital humano -primer y último recurso de los estados- es tanto más valioso cuanto mejor preparado está y es por eso que las naciones, en su inmensa mayoría, tratan de establecer programas que permitan acceder a todos sus ciudadanos a la educación.

No necesito ponderar los inmensos beneficios que se derivan de que los ciudadanos dispongan de elevados niveles de educación pues, si se reflexiona bien, es la educación la fuente de todas las demás riquezas y recursos materiales y morales; y es por eso que la educación se configura como un derecho por las Naciones Unidas en el Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales. La gratuidad de la educación es, como consecuencia natural de lo anterior, una derecho y una meta que los estados deben aspirar a lo lograr y así lo declara el artículo 13 del Pacto Internacional citado:

La “enseñanza primaria debe ser obligatoria y accesible a todos gratuitamente”;
La “enseñanza secundaria, en sus diferentes formas, incluso la enseñanza secundaria técnica y profesional, debe ser generalizada y hacerse accesible a todos, por cuantos medios sean apropiados, y en particular por la implantación progresiva de la enseñanza gratuita”;
la “enseñanza superior debe hacerse igualmente accesible a todos, sobre la base de la capacidad de cada uno, por cuantos medios sean apropiados, y en particular por la implantación progresiva de la enseñanza gratuita”

Y si esto es así, como lo es, el derecho a la educación gratuita ¿no debería implicar el acceso gratuito a los materiales de estudio?.

Los poderes públicos pagan con dinero de todos el trabajo de profesores, catedráticos e investigadores y, si ese trabajo se paga con dinero de todos ¿no debería también pertenecernos a todos el fruto del trabajo así pagado?

No tiene sentido que los libros de texto, por ejemplo, no sean accesibles gratuitamente para el conjunto de la población. Impedir ese derecho de acceso gratuito en defensa de intereses particulares es una de las decisiones más torpes y equivocadas que pueden adoptarse. Y una de las más inmorales también.

Hoy he tenido conocimiento de que en California se ha aprobado una ley para que las universidades públicas usen libros de texto con licencia Creative Commons Estas cosas son las que me devuelven la fe en el género humano.

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Guerrilleros digitales

Guerrilleros digitales

 

Ocurrió hace doscientos años. Un país atrasado, con un ejército derrotado, con su rey secuestrado, decidió que ninguna nación extranjera le impondría sus leyes, al menos sin su consentimiento.

Incapaces de oponer a la fuerza militar ocupante ninguna fuerza militar organizada, los habitantes de este país inventaron una forma de resistencia a la que llamaron “guerrilla” y el resultado fue espectacular: En sus combates contra los británicos, los napoleónicos – de acuerdo a los datos del historiador militar B.H. Liddle Hart- solo perdieron unos 45.000 hombres en cinco años, incluidos los prisioneros, pero el número de bajas francesas se calcula, de acuerdo a las versiones más rebajadas, en alrededor de 200.000, lo que permite deducir que en gran parte corrieron a cargo de la resistencia interior, ya que fue el ejército regular español el que llevó la peor parte en la mayoría de los enfrentamientos. Una estimación que corrobora el general francés Auguste Julián Bigarré, ayudante de campo de José I, al confesar que “durante la guerra de España las partidas han afectado a las tropas francesas mucho más que los ejércitos regulares; se ha admitido que las mismas asesinaban no menos de 100 hombres por día. Eso quiere decir que, en el espacio de cinco años, han matado a 180.000 franceses …”

El propio Napoleón, finalmente, hubo de reconocer la importancia que esta forma de lucha fue la que decidió en su contra la que el llamó “la desdichada guerra de España”.

Convendría releer las confesiones que Napoleón hace en la isla de Santa Elena a su confidente Les Cases: “los españoles desdeñaron el interés para no ocuparse más que de la injuria, …. todos corrieron a las armas. Los españoles en masa se condujeron como un hombre de honor”. O repasar la correspondencia de los militares franceses cuando describían este nuevo tipo de lucha: “Ningún español – dice el oficial francés Rocca en sus Memorias- se avenía a admitir que España estuviese vencida, y ese sentimiento, que estaba en el alma de todos, era el que hacía invencible a la nación, a pesar de tantas pérdidas y de las frecuentes derrotas de sus ejércitos”.

Impresionante ¿Verdad?; sin embargo, por raro que parezca, encuentro notables similitudes entre esta forma de actuar de los guerrilleros españoles y algunos aspectos fundamentales de la economía digital.

El economista de Harvard Yochai Benkler, en su libro “The wealth of the networks” (cuya lectura recomiendo encarecidamente) compara la economía industrial propia de la economía del siglo XX con la economía de producción social que, sobre todo en el campo de la producción de información, ha emergido en el siglo XXI con la irrupción de las nuevas tecnologías. Esta segunda forma de economía tiene una serie de rasgos básicos que, resumidamente, podrían reducirse burdamente a dos: La difusión generalizada de herramientas y tecnologías específicas susceptibles de ser compartidas o ser destinadas a fines alternativos sin apenas costo añadido para sus propietarios, en primer lugar; y un tipo de motivación especial que lleva a los propietarios de estos medios a darles unos usos determinados de forma aparentemente altruista.

Pongamos un ejemplo. Quienes leen estas lineas disponen sin duda de computadores que exceden, en la generalidad de los casos, sus necesidades de computación, de forma que, por ejemplo, podríamos aprovechar sin costo alguno para nosotros esas capacidades de computación no utilizadas para otras tareas. Así, por ejemplo, lo hace SETI.

Los primeros proyectos SETI surgieron bajo el patrocinio de la NASA durante los años 1970 -sin duda muchos de ustedes habrán visto fotografías del enorme radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico- y su misión es tratar de detectar alguna señal de inteligencia extraterrestre. Las necesidades de computación de los proyectos SETI se solventan a través de una iniciativa llamada SETI@home

SETI@home es un proyecto de computación distribuida, y alcanzó gran transcendencia al diseñar y llevar a cabo un nuevo programa que se ejecuta en el ordenador del usuario, mediante el cual es posible participar en otros proyectos que requieren grandes cantidades de proceso. En su forma más sencilla consiste en un salvapantallas que, cuando el usuario no utiliza su ordenador, permite que la capacidad de computación del mismo sea usada para proyectos de SETI.

La importancia de esta forma distribuida de computación la comprenderán si les menciono algunos proyectos que comparten la infraestructura mencionada (se mencionan los que más tiempo llevan):

Einstein@Home:Busca púlsares (estrellas de neutrones) usando los detectores de onda gravitacionales LIGO y GEO 600. Están apoyados por la Sociedad americana de Física (APS).

Climate Prediction: Tiene por objetivo realizar simulaciones meteorológicas para conseguir realizar previsiones más acertadas.

Rosetta@home: Pretende desarrollar un método para la predicción y el diseño de proteínas y sus interacciones. Un proyecto que puede contribuir a la investigación y búsqueda de solución a muchas enfermedades humanas.

LHC@home: Es un proyecto para ayudar a los científicos del CERN en las simulaciones de partículas en el interior del LHC (Large Hadron Collider).

Los usuarios pueden libremente apuntarse a los proyectos que quieran.
Hay más de 5 millones de usuarios en más de 200 países que están participando en este programa, y han contribuido con 19.000 millones de horas computadora. A día de hoy, probablemente, esta capacidad combinada de computación hace de SETI@home el computador más potente del mundo.

Y si SETI@home ilustra la tremenda potencia que resulta de combinar los recursos de computación no utilizados por el ser humano, quizá el proyecto GNU/Linux sea el mejor exponente del tipo de motivación que lleva al ser humano a generar conocimiento e información de forma distribuida, si bien, este proyecto, para su correcta explicación precisaría no de un post sino de varios volúmenes.

En ambos casos, los participantes, dedican a esos proyectos una parte de su tiempo y no porque “tengan” que hacerrlo, sino porque “quieren” hacerlo pero, en esta ley de grandes números, su potencia creativa supera a la de cualquier industria hasta el punto de que usted, hoy, ya no podría vivir sin los productos de este proyecto realizado de forma altruista por miles de personas.

Y volvamos a la guerrilla.

El guerrillero compartía con los participantes en el proyecto GNU su independencia de ningún ejército formal pre-establecido. Dedicaba a la guerrilla, en la mayor parte de los casos, el tiempo que le sobraba de las labores diarias. Tras la acción o la emboscada de turno volvía a sus ocupaciones habituales. Esto no quiere decir que el guerrillero no estuviese organizado (particularmente en Cataluña donde somatenes y migueletes tenían particular implantación) sino que su organización era distinta de la del ejército regular. Los motivos que llevaban a estos guerrilleros a emboscarse y matar franceses la dejo a su buen juicio.

Como en el proyecto SETI, estos guerrilleros de entonces no precisaban ser equipados con otras herramientas que las que ellos mismos ya tenían en casa: Trabucos y facas, usados con decisión, eran unas muy eficaces herramientas en manos de los guerrilleros. La capacidad de infligir daños de estos “guerreros a tiempo parcial”, siendo ellos muchos, era enorme y los datos franceses lo confirman. La guerrilla fue el primer caso de “guerra distribuida” o de una “economía social de guerra”. La palabra “guerrilla”, desde entonces, es la más internacional de las palabras en castellano y con ella se designa, incluso en inglés, esta singular forma de lucha que ejemplifica la eficacia que puede llegar a tener una tarea distribuida cuando la realizan personas suficientemente motivadas.

Ahora que Wikipedia ha jubilado al resto de las enciclopedias, cuando sus redactores guerrilleros han demostrado ser más fiables que la propia Enciclopedia Britannica, es el momento de pensar hasta dónde puede multiplicar el género humano sus potencialidades apoyándose en el mejor capital que posee: las propias personas.

No hay mayor riqueza en una nación que la de sus hombres, decían los antiguos y es verdad; a quienes gobiernan les corresponde crear las condiciones para que todo el talento y creatividad de las personas sea eficazmente aprovechado; tratar de contenerlo o confinarlo no sólo es perjudicial y contrario al interés de todos sino que, antes o después, el talento acabará echándose al monte.

¡Feliz año Turing!

¡Feliz año Turing!

Dentro de mi ranking de los “auténticos revolucionarios de la sociedad de la información” necesariamente tiene que estar Alan Turing (1912-1954); y no al final de la lista sino probablemente en uno de los tres primeros puestos. Ocurre, sin embargo, que este año, un comité de científicos ha decidió celebrar el “Año de Turing” conmemorando el centenario de su nacimiento y, debido a ello, he decidido alterar el orden de mi lista para dedicar este primer post del año, del año de Turing, a él.

Alan Turing, como comprobará quien tenga la paciencia de seguir leyendo, fue víctima de las mayores humillaciones por parte de la nación que le debía en gran medida a él su victoria en la Segunda Guerra Mundial. Este año, científicos de la nación que tanto le debe y que tan mal le pagó, han organizado este año de Turing en su memoria, para que Inglaterra sepa cuanto de le debe y el mundo conozca a uno de los científicos que más hicieron porque fuese posible la sociedad de la información que hoy disfrutamos.

Turing, conoció en Harvard a personalidades de la talla de Gödel y Von Neumann y en 1936 redactó uno de los manifiestos fundacionales de la sociedad de la información “On computable numbers with an application to the Entscheindungsproblem”, documento que contenía el diseño teórico de una computadora a la que, andando el tiempo, se la conocería como la “Máquina de Turing” (The Turing Machine) al tiempo que resolvía las cuestiones de Hilbert sobre la decidibilidad (Entscheindungsproblem).

En términos lógicosel problema de la decidibilidad se plantea la cuestión de si existe algún algoritmo o proceso definido que pueda determinar si un postulado determinado es susceptible de ser probado o no. Otras formulaciones del problema implican si existe algún método o algoritmo que permita generar los dígitos de “pi”, o de la raíz cuadrada de 2, hasta cualquier nivel de precisión que deseemos.

En aquella época tal tipo de cálculos solían ser efectuados por personas que, provistas de tablas y fórmulas, efectuaban las operaciones siguiendo rigurosamente conjuntos de reglas preestablecidas. A esas personas que realizaban los cálculos, generalmente mujeres, se les llamaba “computadoras” (computers).

Turing sabía que, si el podía sistematizar como trabajaban aquellas “computadoras” humanas el podría atacar el problema de la decidibilidad.

Fundándose en tales observaciones, en “On Computable Numbers” Turing describió una máquina de computación universal que podría computar cualquier secuencia de números que fuese computable escribiendo las correspondientes tablas de instrucciones; la máquina de Turing podría emular a cualquiera de las máquinas de cálculo existentes y sería por ello universal.

Aunque el hecho de que existan máquinas que pueden llevar a cabo diferentes tipos de cálculos parece obvia hoy día, la idea de Turing era revolucionaria en aquellos tiempos. Desde entonces hasta hoy todas las computadoras emulan a la “máquina de Turing”.

Turing que, como yo, era un apasionado del ajedrez, llegó años después a concebir un programa para jugar al ajedrez que, efectivamente, funcionó correctamente; si bien, dado que no existían máquinas capaces de ejecutarlo, los cálculos los efectuaba simplemente usando lápiz y papel. Naturalmente aquel programa no jugaba del todo bien, pero la simple idea de que se crease el algoritmo para una máquina pensante sin que tal tipo de máquina existiese resulta muy ilustrativo para aquellos que desprecian la “teoría”. Un día les enseñaré aquella partida, pero, de momento, sigamos con la vida de Alan Turing.

La publicación en 1936 de “On Computable Numbers” pasó desapercibida pero, diez años después, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, ya era considerado como uno de los documentos seminales, uno de los manifiestos, de la revolución cibernética.

Durante la Segunda Guerra Mundial Turing fue reclutado como uno de los científicos que, en Bletchley Park, debían tratar de romper los sistemas criptográficos alemanes (la máquina “Enigma”) para descifrar los mensajes del ejército alemán. Las ideas de Turing transformaron por completo la criptografía y el criptoanálisis y dieron lugar a la entrada en escena de cada vez mejores máquinas pensantes. Toda la historia de Alan Turing y sus compañeros en Bletchley Park para desentrañar los secretos de la máquina Enigma es apasionante y, desde luego, no cabe en este post. Para quien quiera ampliar sus conocimientos en esta materia le recomiendo muy vivamente que lea los trabajos de Román Ceano en http://www.kriptopolis.org/la-maquina-enigma le aseguro que disfrutará de la mejor lección de historia posible, no ya sobre criptografía, sino sobre historia de la Segunda Guerra Mundial.

La ruptura del código germano permitió al alto mando inglés conocer de antemano las órdenes alemanas a sus tropas, aviones y, sobre todo, submarinos, de forma que Inglaterra pudo sobrevivir a la maquinaria militar alemana merced al uso de la información que Turing y sus compañeros facilitaban desde Bletchley Park. Este fue uno de los secretos mejor guardados de la Segunda Guerra Mundial y el secreto que, quizá, acabó costándole la vida a Turing.

Acabada la Segunda Guerra Mundial, Turing, como Von Neumann y otros, dirigieron su atención a la creación de computadoras digitales. En 1946 publicó su primer borrador de “Proposed Electronic Calculator” para la construcción de una de aquellas computadoras digitales. Turing señaló que esas computadoras digitales programables podrían tener un hardware fijo y simple, que deberían disponer de una buena cantidad de memoria y que, merced a los diversos programas, debidamente jerarquizados y divididos en subrutinas, podrían realizar tareas notables e incluso “jugar muy bien al ajedrez”. Incluso manifestó que podrían generarse programas capaces de aprender. Turing no pudo llevar a cabo su idea por sí mismo, la construcción de este ordenador diseñado en “Proposed Electronic Calculator” (conocido como ACE) fue encargado a personas distintas de Turing que se cuidaron muy mucho de que la figura de Turing fuese olvidada.

Turing incluso se planteó la posibilidad de la creación de inteligencia artificial y, para determinar si una máquina la poseía o no, ideó un test que ha pasado a la historia con el nombre de “El Test de Turing”, test que aún hoy día sigue vigente y que aún no ha superado ninguna máquina conocida. Todas estas ideas las vertió en otro de los manfiestos fundacionales de la sociedad de la información “Computing Machinery and Intelligence”, publicado en 1950.

A finales de los 50 la policía británica comenzó a interesarse por la homosexualidad de Turing. Se abrió contra él un procedimiento judicial por “perversion sexual” y se le obligó a seguir durante un año un tratamiento “órgano terápico” que incluyó castración química mediante inyección de hormonas (lo que le produjo un notable engrosamiento de sus pechos). La humillación social y física a la que se le sometió fue extrema; la misma sociedad a la que él había defendido durante años ahora lo hacía trizas. El 7 de junio de 1954 Turing apareció muerto tras comer una manzana envenenada. Tenía 42 años.

La historia de quien puso y por qué veneno en aquella manzana la trataremos otro día.

¿Podríamos vivir sin Open Source?

¿Podríamos vivir sin Open Source?

Me encuentro muy a menudo con personas que lo desconocen casi todo acerca del Open Source (software de código abierto), de GNU, de Linux… y, como es propio del ser humano despreciar todo aquello que ignora, cuando les hablo de sus ventajas suelen escucharme como quien escucha a un “geek” medio loco. Para ellos la informática y las nuevas tecnologías son conceptos ligados al Windows de su PC, o al Word, o al Explorer. El caso es particularmente patético cuando de politicos se trata.

Para esos casos suelo utilizar un argumento que ahora les traslado y que, más o menos, es como sigue:

¿Considera usted que el Open Source (o Linux o GNU…) no tienen mas que una mínima importancia marginal? Bien, tratemos entonces de imaginar que esta noche todo el software Open Source fuese retirado y dejase de funcionar. ¿Qué cree usted que pasaría?

En primer lugar Internet dejaría de funcionar, al menos para los usuarios normales.

La mayoría de los servidores de nombres de dominio (DNS) utilizan software de código abierto como BIND, éste software  es el que convierte http://www.josemuelas.com en una serie de números que son la dirección IP del servidor adecuado. La mayoría de los usuarios de Internet desconocen qué IP se encuetra detrás de cada nombre de dominio y, a partir de ahí, la navegación les resultaría imposible.

Supongamos incluso que usted es un auténtico “fiera” y es capaz de saber que 72.14.207.99 es la dirección IP correspondiente http://www.google.com. Incluso en ese caso pocas cosas cambiarían pues  Google funciona principalmente en Linux que es también software Open Source.

¿Y si probamos con Yahoo? ¿funcionará entonces?. Pues tampoco. Yahoo! es uno de los principales usuarios de otro popular sistema operativo de código abierto: FreeBSD.

Sin embargo usted no se va a dar por vencido, usted es un recalcitrante opositor al open source y guarda un as en la manga, así que probará con la siguiente IP en su navegador: 207.68.172.246. ¡Magnífico! Ha dado usted con http://www.msn.com, es decir con Microsoft, y estos es seguro que no usan código abierto, ahora podrá usted buscar y navegar por la red, de forma que usted en la casilla de búsqueda introduce algunas palabras para ver las noticias del día, o incluso alguna que otra foto de su actriz favorita… yespera a que aparezcan los resultados… ¿ahora ya puedo navegar verdad?

Pues no, vuelve usted a equivocarse.

De los 188 millones de sitios web existentes en enero de 2009 más del 52% utilizan “Apache“, un servidor escrito en Código Abierto y sólo un 32% utilizan software de Microsoft. El resto de los servidores utilizan mayoritariamente también Código Abierto. Es decir, aun cuando usted pudiese recordar toda la retahíla de números de las IP’s tan sólo funcionarían menos de un tercio de los servidores existentes en la actualidad. Si no me cree puede consultar las estadísticas.

¿Le parece suficiente?

Pues aún hay más. Aunque aún pudiese usted recordar las Ip’s y acceder a los sitios cuyo servidor usa software Microsoft usted tampoco podría realizar conexiones seguras ni mucho menos realizar operaciones de comercio electrónico; no podría usted comprar ni vender en la red porque sin OpenSSH ni OpenSSl (código abierto también, sí) todas estas operaciones no serían posibles.

Tras esto sólo un idiota podría ningunear la importancia del Open Source (y de Linux y de GNU y de FreeBSD…) pero, desgraciadamente, parece ser que, como afirmaban en la antigüedad “Stultorum infinitus est numerus“.

Open Source (y  Linux y GNU y FreeBSD…) no son ninguna excentricidad de “geeks” o de activistas iluminados, son el pasado, son el presente y son el futuro y sólo la necedad de algunos pocos soberbios mal informados puede tratar de ocultar esto.

Ya saben… leche, cacao, avellanas y azúcar.

En esta película ganan los indios
En esta película ganan los indios

GNUcilla: Leche, cacao, avellanas y azúcar

GNUcilla: Leche, cacao, avellanas y azúcar

No entiendo como a estas alturas aún se sigue discutiendo sobre códigos abiertos y códigos cerrados en el software. Tal discusión, aplicada a cualquier otro campo de la industria, resultaría ridícula. ¿Admitiría algún consumidor que se le diese a su hijo para merendar un bocadillo con una sustancia negruzca dentro que no se supiera qué es ni qué componentes tiene?

Los fabricantes de cremas de cacao y los gobiernos lo tuvieron claro desde siempre y por eso fabricaron una GNUcilla que se sabía (y se sabe) que está hecha de leche, cacao, avellanas y azúcar. A nadie se le ocurrió jamás fabricar una MSNocilla que no se supiese de qué estaba compuesta.

Sin embargo lo que es evidente para cualquier producto no parece serlo para el software. Los gobiernos no parecen tenerlo claro aún y, lo que es más sorprendente, los consumidores tampoco. ¿Cuánto tardarán todos en darse cuenta de que no se pueden vender productos que no se sabe de qué están hechos ni qué efectos producen?

Si Windows Vista fuese un chocolate no podría venderse en ninguna tienda europea, ni siquiera regalarse, simplemente estaría prohibida su distribución. Pero es un programa de ordenador y, los que mandan, prefieren dejar que otros se enriquezcan a saber lo que, de verdad, se están comiendo.